jueves, 26 de enero de 2012

El Laberinto del Señor de las Moscas




El laberinto del señor de las moscas:
Presentación en público del “En el regazo de Belcebú” de Cristian Geisse Navarro

Por Profesor Zoronka
1. La confusión:

Para entender este libro hay que tener un bicho metido adentro. Uno de esos bichos que te hacen hervir la sangre. O uno de esos virus que te marean y te hinchan el cerebro. Hay que pararse en la entrada del laberinto y enfrentarte al señor de las moscas, tratar de cruzar y ver qué chucha hay del otro lado. Tuve que meterme unos cuantos bicharracos dentro para escribir este modesto texto, dícese de algo para la mente y algo para el hígado. Así es la cosa, bueno y sano no hay muchas posibilidades de encontrarse al Rey Carmesí.

Ver la muerte, aunque sea alguna pequeña muerte, esa que no te quita la vida entera pero sí un trocito, unos cuantos días menos.

He querido encontrar un título sinónimo para este libro, algo así como En el vientre de la muerte, o En las alas de las moscas.

En la mitología cristiana se suele homologar a Belcebú con Satanás y con Lucifer, siendo que podrían ser tres diferentes manifestaciones del mal. Demonizado por los hebreos, que solían desde entonces diabolizar toda deidad que no permaneciera a su panteón. Ahí está El triunvirato del infierno. Geisse no escoge al azar el regazo de Belcebú. Baal Sebaoth –Dios de los ejércitos, para los filisteos, una divinidad que dejaba carne pudriéndose y un hervidero de moscas. Ya sea en un campo de batalla, en la sombra de un templo o en el interior de un individuo, se me antoja pensar con respecto a estos cuentos.

Moscas, larvas, virus, coliformes fecales, hedor, pobreza, aridez, hambruna, aborígenes masacrados, capitalismo despiadado. Infierno, que simplemente significa subterráneo. Sepulturas. Piras. Incendios purificadores.

Tonariles, Ñache, Yerba loca, Vino, Dinero y Amor.

Me confundo y me pierdo. Ahí está la muerte, no la mía ni la de ustedes. La muerte de algo, de un momento, de una hormiga. La muerte de una esperanza o de una relación amorosa. La muerte celular o de un dios. La muerte que todo lo nutre. Un ciclo cumplido.

Es difícil ver el camino correcto entre tanto para elegir. Pero ahí está siempre ese aleteo que te despierta de noche y te deja insomne, tratando de averiguar si es una mosca o un zancudo, un fantasma o el mismo diablo.

Hora de espabilar.

2. En el regazo de Belcebú:
Libro conformado por seis cuentos, del autor vicuñense Cristian Geisse Navarro. Publicado por Ediciones Perro de Puerto en el año 2011, 142 páginas, buen papel, letra chiquita eso sí.

En la portada lleva un dibujo del mismo Geisse, un autorretrato, o una visión de sí mismo transformado en el cachúo.  Es una excelente caricatura, echándose al gaznate todo lo que se llama chuica. Con esa sonrisa demoníaca clásica de los relatos orales, con dientes de oro deformes, de viejo ancestral. De terno el patúo. En un pedestal, en las llamas del averno. Buena cosa.

Los personajes del interior del libro son, como bien indica Mario Verdugo en la contratapa de la publicación, “Reacios a la conducta virtuosa que demanda el ethos capitalista […] se adentran por los subterráneos de la cultura y la vida cotidiana, y de tal exploración suelen volver alucinados, descompuestos, medio muertos.” Todos los personajes que protagonizan estos cuentos son almas en desasosiego, personas que buscan quiénes son en las alternativas más extremas. Personajes que no dudan en irse al chancho para poder ver más allá de lo posible. Veamos el caso del punk que protagoniza y narra el primer cuento titulado El Duende:

“Con el Duende a mí me han pasado muchas cosas, tal vez demasiadas. Algunas de ellas quisiera olvidarlas para siempre. La mayoría en realidad […] Flash uno: Duende peleando contra toda una fiesta de matrimonio. Flash dos: Duende robándole los zapatos a un mendigo. Flash tres: un mendigo robándole a él los zapatos. Flash cuatro: Duende durmiendo con una jauría de perros, meado. Flash cinco: Duende ahogándose en el vómito.”

Y luego, fíjense en este encuentro:

“[…] De pronto sale con un ¿Compañero, se tomaría un trago? Sí, claro, le dije yo, pero acá en este bus de adónde. ¿Y cuál es el problema? Y va y saca el maletín, lo abre y pela un pack de latas, pst, pst, y glugluglu. Rico, cervezas heladitas, recién compradas en la botillería. A esas alturas ya habíamos salido de Antofagasta, nos habían pedido los pasajes y sabíamos que nadie nos iba a molestar. Seguimos conversando, estaba loco, bien loco. Sabía de todo pero engrupía.”

El que habla es un joven que se aburrió de tomar tonariles, de andar con cadenas en el cuello y metido en puros cachos. Un personaje que cuando está demasiado loco se ve al otro lado de la realidad como un Duende que lo mete en atados.

Algo parecido le sucede al narrador protagonista de ¿Has visto un dios morir? Cuento que ya había publicado individualmente Perro de Puerto en el año 2009. En la portada una ilustración de Alavarex donde aparece un ojo mosqueado. El protagonista vive en un Valparaíso de afuera de la postal, uno que Cristian conoció haciendo clases en la nocturna a personas pobres. O sea que este cabro también es pobre. Está desertando de la educación superior porque le faltan recursos. Su abuelo loco recién llegado de Vicuña ha visto morir un dios diaguita después de haberse pichicateado. El nieto ha estado metido en una desconocida droga llamada Ñache, que produce alucinaciones colectivas, verdaderas experiencias sicodélicas:

“[…] No es Ñiachi, esa sangre de vaca con cebolla y cilantro que los huasos toman en los mataderos. Pero de ahí viene el nombre. Yo no estoy muy seguro de lo que es en realidad, ni cómo lo hacen, pero sé que es colorado como la sangre y que te deja en una volada tan loca que no te olvidas más. […] Si uno que ya es Ñache te cotiza y te invita, recién entonces puedes llegar a los sucuchos donde se puede conseguir y tomar sin que nadie te moleste o te haga escándalos. […] Ahí conocí al Tonro, que andaba igual que yo, choreado porque a parte de pagar la tremenda turrada de plata por las mensualidades había que andar comprando huevadas a cada rato, y más encima vivir pegado al computador. Y yo ni computador tenía. […] Desde entonces puedo entrar y salir de los salones Ñaches sin ningún problema. […] Por ejemplo está el Marambio, un negro zambo, inmenso, peruano dicen, que sube casi siempre a la misma volada: llega a una pensión pobre, paga la pieza y una vez dentro, se arrodilla y hace en el piso de tabla un círculo con una estrella adentro más otros signos raros y se le aparece el diablo, entonces le pide deseos. Así puede unos ir a una orgía, o bien tocar el saxofón como Charlie Parker, que es lo que siempre pide Marambio porque cuando está en la tierra es el negro más desafinado del mundo. A mí me tenía cachudo eso de ver al dios morir, mi tata lo repetía a cada rato, y se me ocurrió que con el Ñache podría llegar a ver una cosa tan alucinante como esa.”

Marambio, un personaje que cruza dos historias, ¿Has visto un dios morir? y su propio cuento que se titula con su apellido. Un negro del norte de Chile, de familia de camioneros que desea con fervor ser saxofonista y ser discípulo de Bird Charles Parker. Músico frustrado, lo ha dado todo por cumplir sus sueños, desde arrancarse a Perú con la plata que tenía que comprar un camión, hasta pasar las de quico y caco para comer y tomar. En su desesperación ha hecho pacto con el diablo y los únicos momentos en que es realmente feliz es cuando anda en volada de Ñache y puede ser un artista que lo tiene todo: talento, gracia, mujeres, dinero: todo lo contrario a lo que realmente es. Una diferencia marcada entre este cuento y los revisados anteriormente es el punto de vista del narrador, quien nos presenta las acciones desde una tercera persona, tomando cierta distancia del personaje:

“En Arica un músico viejo bueno para la jarana, se conmovió y le quiso enseñar lo poco que sabía. Cuando se dio cuenta de que todo esfuerzo era inútil, le aconsejó ´Hácele al Ñache a ver si te convence de que te des por vencido`. Le hizo caso y entró en el Ñache, una droga a la que sólo tienen acceso algunos iniciados. Tuvo visiones de la música entrando en su cuerpo, controlando el pulso del universo y por su puesto no se quiso convencer. Siguió tratando, porque era lo único que quería, pero el maldito animal como que le tenía mala […]”

La Negra se intitula el cuarto relato. Una cabra peligrosa, de cerro, un animal ladino. Ella es sin duda la protagonista de la historia y comparte su protagonismo con Ramiro, un joven del norte que decide separarse del mundanal ruido para irse a vivir a los cerros, a criar animales, levantarse temprano y sacar leche. Todo esto en los lindes del siglo XX y el XXI, en pleno año nuevo, cuando muchos inocentes creían que el mundo se acababa ahí. Aparecen personajes entrañables con nombres antiguos como Solercio, Uldarico, Segismundo, José y Amado, Don Rafa, Doña Nena, Juan Diuca. En un mundo que evoca la tierra de la Mistral y los cuentos de Juan Rulfo:

“De pronto, a la mitad de la nuca, Ramiro sintió un destellante dolor que le hizo botar la olla lejos. Cuando se dio vuelta, vio que La Negra arrancaba hacia los cerros y quiso salir tras ella, pero el ardor  de su nuca se lo impidió. Se llevó la mano al cuello y se dio cuenta que tenía un poco de sangre. ´Cabra de mierda`, dijo en voz alta, y nuevamente se prometió matarla apenas el Manolo llegara con la escopeta.”
“Jodido asunto ese de la Yerba (loca). Aunque habían intentado sacarla de todo el sector de la quebrada de Uchumí, los crianceros nunca lo habían logrado y algunos animales seguían volviéndose adictos. Caballos, mulas, machos, cabras y ovejas andaban por ahí, desesperados buscando esos arbustillos de varios colores para drogarse.”

  Este cuento retrata con precisión el mundo rural que nos es eclipsado por los vicios del mundo moderno y la producción indiscriminada de necesidades y bienes absolutamente artificiales, el neoliberalismo descarnado y la explotación laboral. En esta historia se aprecia una ruralidad extremadamente mágica, donde no hay luz eléctrica ni vecinos a menos de cien metros. Pura tranquilidad y mitología local. Un lugar donde los animales que comen yerba loca, enloquecen también a los humanos que toman su sangre.

El Cachúo es la penúltima estación del libro, donde el personaje, un curao empedernido, experimenta la angustia de la abstinencia. Cada vez que no toma se le aparece el demonio. Este demonio es el síndrome de abstinencia y es denominado con muchos otros nombres, dependiendo de la geografía donde te encuentres: El Payaso, El Íncubo, El Susto. Veamos este fragmento:

“[…] No sé, el asunto es que después de tomar mucho es frecuente andar cagado de miedo, aún cuando no hayas hecho nada malo. Yo sí había hecho muchas estupideces, y en realidad tenía motivos como para andar nervioso, pero ahora sé que aunque no hayas hecho nada, el trago termina poniéndote tiritón, inseguro, espirituado.”

El personaje experimenta en estos estados de borracheras un condoro que no sabe si realmente se mandó. ¿A alguien le parece conocida esta experiencia? A veces la única solución es dejar el vicio o éste te llevará.

El último cuento de este etílico six pack se llama Nefilim, y es la historia de un niño que es hijo de un ángel malvado. Ha nacido el día en que se supone se iba a acabar el mundo, en un pueblo olvidado por todos, luego de que una estrella fugaz cruzara el firmamento. Su nombre es Ignacio, un nombre obviamente asociado con el fuego. Su mamá se llama Antonia y llegó embarazada de él luego de haber tenido una estadía en las ciudades del mundo moderno. Su abuela, Magdalena, trata de ignorarlo ya que representa la deshonra de su hija, pero no puede hacerlo porque Ignacio es un niño muy especial. Posee el don de la pirokinesis. El niño, en su afán de saber la identidad de su padre, provoca una catástrofe de proporciones, sabiendo finalmente que su vida es producto de un montón de vicios, aberraciones y ultrajes. Una víctima del poder y del dinero:

“Si Ignacio hubiera podido salir de su cuerpo, hubiese visto cómo se encontraba a la mitad de una llama que parecía una flor violeta, y cómo a su alrededor todo comenzaba a arder lentamente. Pero sin darse cuenta y con el corazón encabritado de temor y angustia, se acercó a su madre y juntó su frente con la de ella, a punto de llorar. Apenas entró en contacto con su piel, experimentó una vorágine de sensaciones que lo remecieron con fuerza. Sintió que sus cuerpos se confundían y que de alguna manera iba entrando en la mente de su madre.”

Así, todos los personajes de estos cuentos pasan por las turbulencias de la vida como si estas fueran sobrenaturales pero de una cotidianidad que sólo aparece así de simple en los relatos orales. Historias que nutridas de mitos y anécdotas de distintas procedencias, intentan dejar una lección de sobrevivencia a los males, de pasar por los laberintos sin necesariamente abandonarse a la locura. O haciéndolo espectacularmente a manera de liberación. En realidad los personajes de estos cuentos se parecen mucho a nosotros y a nuestras historias. Personajes que puede que estén entre nosotros, sufriendo su propio y pequeño infierno, llenos de demonios que te soplan mal las jugadas y que nos hacen sus pitanzas. Pero este libro dice que se puede resistir, que el mundo aún no se acaba.

La prosa de Cristian Geisse es amena y de lectura rápida. Sus narradores son cercanos y entrañables y muchas veces logro escuchar su acento nortino, enfático y cantado en sus letras. Como su poesía, sus cuentos gozan de buen verbo y de una potencia que debe haber alcanzado de tanto leer a De Rokha, Alcalde y Violeta Parra. Un tono seco y preciso a veces para decir las cosas como son, sin tanto rodeo, pero con cierta elegancia intelectual que hace de su lectura una experiencia gozosa y divertida. Plagada de expresiones populares ingeniosamente bien ocupadas, el habla del pueblo es rescatada en los cuentos de En el regazo de Belcebú. El rescate de estos aspectos populares es un afán incansable en los postulados de Geisse, tal como lo hiciera su lar Alfonso Alcalde. Un tipo de narrativa a la que no se le notan los años y que después de la lectura me da la idea de que goza de muy buena salud. Una redacción llana que te invita a seguir leyendo hasta terminarlo. Admiro la prosa de Geisse y valoro enormemente el esfuerzo realizado para entregarnos este libro.

martes, 23 de noviembre de 2010

PEÑAS ORGASMO



¿Qué tal? ¿Han oído hablar de las peñas orgasmo?
Estos eventos están organizados por el Colectivo La Doméstica y tienen como fin juntar recursos para el montaje de la obra teatral DIPIRONA, escrita por Beatriz López. Esta obra habla particularmente del sistema de salud pública y de cómo vienen a dar a luz las parturientas en los hospitales de esa calaña.





Nuestra motivación es hacer posible el montaje de la obra y así dar que hablar acerca de este importantísimo tema.

Pero como no todo es crítica y hay que pasarlo bien:









Hemos invitado a diferentes grupos, los que sin mediar ningún peso, han accedido a colaborar con nuestra noble intención, y por amor al arte, estos estupendos músicos nos han apoyado con sus puestas en escena: Naturaleza Rebelde, Onda Sonora, Inmanencia, La Yamboneta. Aquí va nuestro reconocimiento hacia ellos:














Gracias especiales a La Yamboneta, de quienes ya tendremos vídeo clip.

Gracias a todos quienes ha cooperado con nuestra causa, esperamos que sigan haciéndolo hasta el estreno de DIPIRONA.

miércoles, 25 de agosto de 2010

KINELOCURA II

kinelocura y más
He aquí otra de mis jugadas para la Revista de Umenidades


a las finales estamos todos locos
  
Por Profesor Zoronka

Cuando conocí el documental San Clemente, una película de Raymond Depardon y Sophie Ristelheuber que transcurre en un recinto siquiátrico de Italia y que sigue la historia de una agrupación de familiares que se organizan para el mejor trato de sus pacientes, tuve que escribir un trabajo para una asignatura de la universidad. Esto coincidió con las primeras experiencias de Juan y Rai en la UME. En dicho trabajo advertía en el texto –y subrayaba– nuestra vasta estupidez humana, nuestra tendencia a la destrucción del planeta para que unos cuantos se llenen los bolsillos de esa abstracción estúpida llamada dinero, de nuestro avance tecnológico para destruir lo que nos ha dado la Tierra, de nuestra ingenua y malévola idea de justicia (la justicia del poderoso), y en fin, de la plaga que somos; todo ello apuntando a señalar que las condiciones de vida en que viven los pacientes de los hospitales mentales son pobrísimas e indignas, sea en Italia o en Chuchunco, a indicar que si tratamos en cárceles como a criminales a personas que sólo son distintas me parecía una genialidad más de nuestra raza humana racista y con tendencia a la homogenización. El trabajo que escribí se llamaba ¿Sanatorio social? Si pueden, queridos lectores, consigan o bajen la película, a mí me cambió la perspectiva respecto al tema de la salud mental.

Pensaba que en la UME me iba a encontrar algo similar a lo de San Clemente, donde algunos pacientes son verdaderos personajes del teatro del absurdo, pero no fue así. Recalcaré que las personas que descubrí ahí son normales a mi criterio, con esa pizca de cuática que tienen todas las personas. Fumadores empedernidos como todos los de afuera, contando excepciones. Con los mismos problemas existenciales, como quien enloquece cuando pierde la pega y se queda sin paga, como quien espera recibir su pensión estatal de 75 lucas, esperando vivir con eso una quimera.
Pero ¿quién vive con 75 lucas? ¿Un funcionario de la burocracia estatal en paro? ¿Un político? ¿Un profesor, un funcionario de la salud pública? O mejor aún: ¿un gran empresario? ¿Alguien que tiene pacto con el diablo? ¿Un sumo pontífice? Jesús mismo no podría hacer milagros con ese turrito de billetes. Una pensionada por discapacidad tiene que vivir con eso, una abuelita montepiada. ¿A quién le paga la cuenta Chilquinta por los recursos que ocupa para generar su electricidad? (Agua y carbón) ¿A quién le paga la cuenta del agua sin procesar ESVAL? ¿A Dios? ¿Al Estado? Meeee. ¿No ven que es pa largo la lista de locuras? Pero sólo algunos pasan y pasan los días en el Salvador. ¿Se imaginan si tuviéramos un Salvador para nuestra sociedad? ¿Qué patología nos diagnosticaría?

Quiero terminar esta amarga editorial con dulzura, manifestando que echamos de menos en el taller a distinguid@s colaborador@s que han sido dados de alta o trasladados: Paty Campos, Carlos, Isabel Pena, salud para vosotros. Y a nuestros actuales colaboradores, les decimos que trabajemos más para que nuestra revista sea un hito que nos demuestre que algo de loco hay en cada uno, que hay que aprovecharlo. Aquí estamos todos locos. Salud por eso, justamente, hermanos.


En Revista de UMEnidades nº 5 El Nublao



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martes, 10 de agosto de 2010

KINELOCURA





kinelocura













Los locos en el cine documental hace rato que vienen causando el interés de muchos realizadores. En el artículo anterior mencioné San Clemente, hoy voy a hablar de un pequeñito documental chileno realizado por Pedro Chaskel en el año 69 del siglo pasado: Testimonio se llama, dura alrededor de 7 minutos. A cargo de la cámara estuvo Héctor Ríos, el director de fotografía de El chacal de Nahueltoro, y en la voz en off podemos escuchar a un idealista Héctor Noguera, quien en esos años se proyectaba como un actor conciente. La pieza documental muestra la miserable calidad de vida de los internos del hospital siquiátrico de Iquique de esos añazos. Realmente miserable. El blanco y negro de la imagen hace todo más tétricamente indigno: rejas, candados, vidrios quebrados, escombros, sitio eriazo, polvo minero nortino desértico, sol que sobrexpone la película y que encandila y quema la piel, un solo baño para las 23 internas, un solo baño para los 29 internos, el personal debe hacer sus necesidades en los mismos servicios antihigiénicos, 19 celdas individuales, caras nortinas de muerte en vida, caras de aburrimiento total de la existencia. En realidad, las imágenes dicen lo que decimos como cliché: más que mil palabras. Y para no ser egoísta, mejor les sugiero que lo vean en youtube. Ahí podrán darse cuenta, además de las pésimas condiciones de vida de aquellas personas que ya pasaron a la historia, de que el cine chileno de aquella época tenía unas intenciones súper grandes de denunciar cosas como estas como una forma de remecer la buena conciencia de los ciudadanos. Esa debiera seguir siendo la principal premisa del cine documental siempre, ya que es el tipo de cine que tiene la valentía de acercarse a estos lugares y hechos, de registrarlos y ponerlos en la paleta de temas que debiéramos considerar importantes de solucionar. Temas que la clase política evita tratar, asuntos humanitarios de suma urgencia que pasan inadvertidos ante los ojos de la destartalada conciencia de nuestro aturdido pueblo, hechos amparados por un Estado al que le conviene absolutamente la pasividad de sus tributarios. Nadie tiene derecho a pataleo, mucho menos los infelices que tienen que estar encerrados en estas miserias. El documental patalea, el cine pobre que se preocupa por esos detalles que yacen ocultos bajo los carteles destruidos de las caras de los candidatos. Mejor los dejo con el texto final de la película, qué poema más bello:
Estos hombres no votan / no son de ningún partido político / no pagan impuestos / no hacen el servicio militar / no escriben cartas a los diarios / no defienden a la patria / no rezan / no sirven a ningún patrón / y además / no tienen dinero.















Este es un artículo que hemos incluido en La Exótica Revista de UMEnidades nº6 del Taller de escritura y lectura creativa de la Unidad de Mediana Estadía del Hospital Siquiátrico del Salvador (Valparaíso), donde me desempeño como facilitador bajo el mote de Profesor Zoronka.



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domingo, 25 de julio de 2010

Fóchëm / Hijito






Hace poquito más de 2 años que nació Neyén, nuestro hijito que Beatriz hizo en su vientrecito.
Es nuestro máximo orgullo y felicidad y, como podrán imaginarse, su llegada me dio mucho qué pensar. Creo que las mejores cosas que pude regalarle son obras, porque como dicen por ahí los sabios "obras son amores". Les presento entonces 2 obritas (un cortito y un poema) que nacieron para celebrar el alumbramiento de nuestro Neyén, que en lengua de la tierra significa "Respiro".

Ojalá les guste.

Sinópsis:

En el hospital Carlos Van Büren de Valparaíso, en el mes de junio de 2008, nace Neyén, hijo de Beatriz y Daniel. Este pequeño documental pretende expresar la poética y vital experiencia de ser padres, enfocando el nacimiento del niño y los primeros momentos con la madre. Un testimonio de vida que se erige sobre el sentimiento y la certeza de que sus vidas se modificarán para siempre.

Realización: Pablo Morales, Beatriz López y Daniel Tapia.

Y ahora el poema


Moneda de la suerte

¿Cara o sello?
DEDICATORIA:
bea y neyén
no me cabe el aire
en el pecho lampiño
de tanta dicha

CARA:

barrio independencia en santiago, barrio cementerio, tanatología,
subterráneo:
un hijo (abuelo ya) se niega a reconocer el cadáver de su madre:
su hija y su nieto realizan el trámite:

la cara calcinada de la bisabuela
la cara deshidratada de la bisabuela
la cara jibarizada de la bisabuela
la dentadura intacta de la bisabuela
la fosa nasal latinoamericana
dibujada como un croquis a carbón
nunca se borrará de la memoria del bisnieto

como esa noche en que en medio del sueño
la misma cara de la muerte de la bisabuela atravesó la muerte y el sueño
hasta presentársele ante los ojos concientes de la oscuridad
del bisnieto. una calavera de película pirata de akira kurosawa
en blanco y negro
(trono de sangre)
muy parecida al sueño del bisnieto también en blanco y negro:
bosque tupido y oscuro
una cabaña con una terraza sucia
se asoma una anciana cualquiera
el ego pregunta:
¿mama, usted por qué está aquí si
usted está muerta?
la anciana cualquiera responde:
papito, en los sueños no hay nadie muerto

entonces, la cara negra de placenta de un recién nacido

SELLO:

hospital van büren, plan valparaíso, sala de parto, neonatología
segundo piso
el papi con delantal celeste
espera afuera de la sala para entrar al alumbramiento
de su pequeñito respiro de vida
de su círculo vital necesario y propio

ha estado por doce horas dando paseos
como un leo celoso, con el estómago crispado
su amora, lamentablemente, no parirá con placer
ya que en nuestra conciencia de sociedad occidental

no se considera que el órgano sexual
de la mujer es realmente el útero
los sabios antiquísimos matriarcados
no jugaron nunca a la guerra

en el oleaje uterino hay un superviviente
luchará contra el dolor del trauma y existirá en la realidad atmosférica
neyén (respiro en mapudungún)
y su papi no puede más que observar
con la jeta hasta el piso
cómo su guagüito otorga su vagido
a nuestro aliento entrecortado:

lo impactante es que el pequeño
respira
sonríe a los asistentes
abre sus ojitos chinos
mira a mami y a papi
y no vuelve a llorar
hasta que lo toman para llevarlo
con los especialistas en neonatología

(la moneda ha caído al alcantarillado
y todos quieren verlo
como un signo
de que el dinero es caca)

el bisnieto-papá está orgulloso de su amora
por resistir el parto normal sin siquiera transmitirle su dolor
el bisnieto-pater está orgulloso de su neyencito
el bisnieto-papi agradece el amor de la familia
y la amabilidad de los desconocidos
el papacito cesante repudia la gestión del gobierno
en lo que a salud pública se refiere
el papito estudiante critica la gestión del gobierno, de los parlamentarios
de todos sectores
en cuanto a educación pública se refiere
el papaíto piernas cortas se queda corto de retórica
a la hora de criticar todo lo nocivo que hacemos
y sin embargo el patudo papá está extrañamente feliz


sábado, 24 de julio de 2010

SISMO DE 8.8 GRADOS DEJA A LA VISTA VALPORE



Hola nuevamente, ahora les dejo una presentación que escribí para la novela VALPORE de Cristóbal Gaete. Esta fue leída en el marco del Segundo Seminario de Literatura Chilena Contemporánea, que se llevó a cabo en junio de 2010.


Valpore

Cristóbal Gaete

Editorial Emergencia Narrativa

75 pags





Sismo de 8.8 grados deja a la vista Valpore

El lanzamiento al público de la novela Valpore fue aplazado debido al sorpresivo movimiento de la Tierra en estas latitudes. Eso para mí fue un signo. La actividad se realizó finalmente el 25 de marzo de este año en la Piedra Feliz, coronado por unos temas de Los Monos Brutos, un grupo que la mayoría de las veces ahuyenta al público con su puesta en escena y sus canciones estridentes. Pero el libro estuvo listo antes del terremoto y Cristóbal ya me había regalado una copia. Para ese 25 de marzo yo fui a La Piedra con el libro leído. Después que vimos a Los Monos, nos fuimos a la casa del Antonio a tomar algo. Entre tantas personas que había no pude decirle a Gaete lo que me había pasado con su novela. Cuando me regaló el libro pude leerlo con entusiasmo. Cristóbal hacía tiempo ya que me lo había enviado por mail, pero leer en esa pantalla del computador es tortuoso luego de un rato. Siempre preferiré el libro. Por eso es importante publicar, una preocupación constante de este autor.

Es difícil leer con objetivad cero lo que escriben tus amigos, y eso debe ser un punto importante a considerar en las palabras que se vienen. Ustedes saben cómo es eso, hay que hacerlo con cuidado y sin fanatismo por el amigo. Nunca antes he presentado al público un libro recién parido, y eso es otro punto importante a tomar en cuenta. Intentaré contarles lo que me hizo pensar Valpore, que a pesar del terremoto maremoto que nos estremeció el 27 de febrero, no se derrumbó como la mitad del Almendral y que por el contrario vio la luz y emergió como una posibilidad desde donde mirar Valparaíso.

I: La fauna litoral.

La primera vez que leí algo de Valpore, fue cuando lo vi en Ciudad Invisible como ganador de un concurso literario. Era el capítulo llamado Con sus hermosos labios hinchados de pasta base, un título que inevitablemente me invitaba a leerlo. Me sorprendí. Era fresco. Me asombraba que eso fuera escrito por un periodista. El narrador era enigmático. Como un flaite lanzao al máximo, pero con conciencia social, medio anarco, que habitaba la zona cero de Valpo, alguien que sobrevivió la explosión de la calle Serrano y sabe quiénes la provocaron. Cuando leí la novela completa me di cuenta que ese narrador sin nombre es en cierta medida un stalker que nos pasea por la interzona. Alguien escapado de Naked Lunch. Un chamán en potencia de la pasta base, los paraguas y el vino tinto. Una persona de plaza Echuarren, donde están nuestros más auténticos espectros, nuestros amados viejos curaos. La plaza donde de vez en cuando se aparece el chivato o la PDI supervisando que todo el circuito turbio funcione. Narrador merodeador que se pasea por todos los lugares de Valparaíso y que reconoce toda la diversidad, a la que le ha sacado el rollo. Seguramente tiene estudios inconclusos en la universidad y sin duda había leído muchos libros.

Los otros dos personajes que aparecen también son de la misma familia. El Pulpo y la madre, dos cabros que seguramente hemos visto carreteando por ahí, muertos, tirados en la plaza o afuera del supermercado, pasados a vino y a pichí. Un loco que las agarra todas y una chica medio adolescente que quedó preñada de quién sabe quién. Son espectros, vienen de algo que se parece a Montedónico o Puertas Negras pero potenciado. Unos personajes que no me son del todo agradables. Lo más seguro es que si carreteara con ellos me avisparía y libraría apenas pudiera. Gente de Valpore, el cerro subterráneo del Patrimonio.

Me llama la atención el vínculo entre Valpore y Don Guillermo, aquella novela de Lastarria que transcurre también en Valparaíso, donde el protagonista, Guillermo Livingstone, es raptado por el chivato y conducido y encerrado en el país de El Espelunco, bajo la ciudad. Es un gesto compulsivo eso de mostrar la ciudad que no se ve, ese puerto que esconden los medios oficiales y que como buena medida lo descubre la literatura, como lo hizo Lastarria o Pezoa Véliz, como lo está haciendo ahora Gaete.

Los demás personajes que aparecen son igualmente reconocibles en cualquier ciudad: punkies, neonazis, conspiradores misteriosos, policías internacionales corruptas, pedófilos, putas, borrachos, travestis, gringas y gringos, unos franceses a los que les roban su hijita, mostros pasturris, gárgolas, mujeres estupendas que salen del mall, chicas maltratadas por sus padres sebosos y la guagua que es una caja de vino. La fauna típica del litoral pero con un buen toque de grotesco. Como el pulpo drogo que encumbra su carrera política o el doctor que logra clonar nuestras más miserables actitudes y reproducirlas en las calles como un castigo ejemplarizador.

II: Una ciudad en ruinas.

Después del terremoto quedó en evidencia la precariedad que sí es nuestro patrimonio. Como si el epicentro hubiera sido lo que el personaje Rastelli tenía escrito en la frente: Valpo te voy a hacer tira. La idea es mirar la ciudad así, y complacerse. Me pregunto cómo no iba a moverse un poquito la Tierra si elegimos un presidente de derecha. No aprendemos. La miseria de los reductos marginales seguirá creciendo y los mostros algún día tomarán el control de la ciudad. Llegará el tiempo en que excitados por la pasta base los nuevos zombis levantarán sus consignas sobre los escombros. Valparaíso Hardcore, Valpo Gore. Métale reguetón y villera, con alcalde de derecha y todas las autoridades de derecha, una ciudad en la que ya asentaron su feudito. Patrocinados por la tele, que es la verdadera y más eficaz droga, de la que emergerán los especímenes más atemorizantes.

Las casas apuntaladas con un árbol, los ascensores pendientes de un riel, el mercado puerto a puerta cerrada, el supermercado en la plaza de los borrachos, La Matriz ruinosa, los cabarets, la calle Brasil, el Laberinto del Minotauro, todos lugares comunes de un puerto de capitanía general que se parece mucho a la realidad, pero que están ahí al ladito en la ficción como lugares poco comunes. Valpore ha dado que hablar y todos han advertido lo mismo, lo que se presenta es el reverso de la postal patrimonial.

Unos lugares comunes que están siendo observados por las cámaras de seguridad que han sido sistemáticamente instaladas en nuestras calles, por los ojos atentos de las autoridades. Una ciudad en la que es difícil identificar a los verdaderos mostros que aparecen en medio de la niebla aparente, cargando mochilas con millones de pesos. Llegarán indefectiblemente a Valpore, por cualquier camino, y serán reducidos a su propia ruina. Ojalá. O llegará un piquete de las fuerzas especiales de los Sea Harrier y nos sacará la mierda.

III: Qué importa que todo esté en llamas.

Cuando leí el final de Valpore me acordé del final de La senda del perdedor, la novela que más me gusta de Bukowski. Ese donde Henri pierde una pelea de video juegos con un jovencito. Me quedé con esa misma sensación de derrota aceptada, de destino cumplido. Cómo va a cambiar el destino de una ciudad o de un país un pobre angustiao. Ni con los grandes ladrillos de paraguayo ni con los papelillos de pasta ni con esa coca pateá con bicarbonato ni con diez mil cañas de vino se puede cambiar el destino de nuestras vidas, dominados por las cúpulas de los poderosos políticos y su dinero.

Tomemos Cariben, fumemos lo que sea, un pope, cualquiera cosa. Subamos a la micro a ninguna parte, cerremos el diario y durmamos, como el protagonista de esta novela. O mejor no, salvémonos de esos miserables escribiendo sobre la importancia de derrocarlos, de quitarles sus canales de tele, de hackear sus cuentas bancarias y dejarlos en cero. Qué otra cosa que escribir podemos hacer si no nos da el cuero para manejar un auto bomba en contra del congreso. Podemos calmados ir al Roma y tomar unas pílsen.

Para más información acerca de VALPORE visiten http://www.liricaurbana.blogspot.com/